José Custodio e Idalina reciben 50 pesos en una carta que les envía el hermano de José, embarcado para Argentina hace mucho tiempo sin dar noticias. La emoción inicial de saber que este está vivo da lugar a sueños de gente sencilla que, en un paralelismo con el dólar americano sin muchos fundamentos, ve en esos cincuenta pesos una gran cantidad de dinero. Pero el cambio es algo cruel y, en el banco, la dura realidad del bajo valor del peso argentino convierte en humo aquellos sueños que nunca deberían haber imaginado.