Solo la quinta parte de 10 millones de personas en Guinea tienen acceso a electricidad, e incluso éstos sufren frecuentes cortes de luz. En la capital, Conakry, solo unas pocas familias pueden permitirse generadores, de modo que los chicos merodean cerca del Aeropuerto Internacional de G’bessia, estaciones de servicio y parques, buscando lugares para estudiar a la noche, ya que son los únicos que tienen siempre luz eléctrica. Algunos viven cerca, otros tienen que caminar una hora para llegar a algún lugar con suficiente luz como para leer sus apuntes. Y a pesar de tener que estudiar en medio de la noche, hay esta sensación de camaradería y buen humor, y los estudiantes están llenos de esperanza por mejorar su propia situación y la de su país. Esta determinación de los jóvenes se convierte en una metáfora de las ansias de cambio en Guinea.