Daniel, un niño etíope de 10 años, vaga a solas, de noche, por las calles de Addis Abeba. Es uno de los 170.000 niños sin familia que circulan por la ciudad. Daniel se acaba de fugar de su casa, en el campo, donde vivía con su madrastra. Sus padres biológicos están muertos: al padre no lo llegó a conocer; la madre murió atropellada delante de él. En su deriva nocturna, Daniel encuentra a un grupo de niños de la calle que viven dentro de un viejo taxi abandonado. Les pide si puede dormir con ellos.