Chencho tiene trece años y quiere cruzar la desértica frontera de México-EUA para llegar a Chicago y encontrar a su hermano mayor. En el camino conoce un viejo que muere poco después de aceptarlo en su carreta, con la brújula atrapada en su mano. A la carreta se agregan personajes casi surrealistas: Eufemia, Chelo y Marina, tres plañideras que acaban de enterrar el último hombre del pueblo; Wachinton, un hombre lisiado que atraviesa el desierto con un carrito de supermercado; Gutiérrez, un soldado que mató accidentalmente a su general; Lucas, un niño tuerto con un perro cojo, adicto a los toques eléctricos; y Rogelio, baleado por haber robado cabras, cuando en realidad son las cabras quienes lo siguen. Ninguno de ellos tiene dónde ir, pero tampoco razón para quedarse, así que se suben a la carreta rumbo al norte, guiados por la mano de un muerto que empieza a apestar a podrido.