El Alberto es un pueblecito en México que se encuentra a mil kilómetros de la frontera con Estados Unidos. Ahí viven los ñhahñus (indios otomíes) que sin parar emigran e inmigran “al otro lado”. El pueblo se mantiene gracias a un parque de atracciones que ocupa a buena parte de la población. Durante el día es piscina y tobogán, nada demasiado original, pero al caer la tarde se convierte en la “caminata nocturna”. Cada noche los turistas son actores de una reconstrucción del cruce ilegal de la frontera; son convertidos en emigrantes clandestinos que corren, se esconden y son zarandeados. Los indígenas, disfrazados de migra, de cholos, de polleros, convierten en show lo que vivieron y nos entregan así una visión extraña del exilio.