Chipre, Malta y Ceuta son tres lugares que representan la frontera del sur de Europa, una moderna cortina de acero que se despliega a lo largo del Mediterráneo. Constituyen tres “no lugares” donde Europa ha decidido encadenar a aquellos que huyen de África, del Medio oriente y de Asia. Son destinos de jóvenes migrantes, quienes de manera frecuente permanecen inmovilizados por años, en espera de una respuesta. Golpeados, torturados y transferidos de un grupo criminal a otro, estos migrantes, a un paso de su destino final, se han encontrado con las puertas de Europa cerradas. Su situación, por tanto, es la de permanecer atrapados en una franja de tierra, sin posibilidad de volver atrás ni de continuar adelante. Es una expectación continua que ocupa años de sus vidas. Los hay que se rinden; otros se aferran a cualquier esperanza para poder continuar.